The Poison Tree

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No nos llevemos a engaño. En el debut de The Poison Tree no vas a encontrar el temazo de esta temporada. Ni esa canción que te parece horrible en una primera escucha y que luego resulta ser la piedra de toque de todo un nuevo y refrescante movimiento musical. No, The Poison Tree no es, en definitiva, un disco (ni un grupo) que vaya a viajar contigo en tus más o menos productivas aventuras como pintor de la vida moderna. Y es que las canciones del brooklynita Steve Salett (antes en The King of France) son hogareñas e introspectivas, reconfortantes como solo lo pueden ser las cosas que están un tanto al margen del tiempo.

Comenta Steve Salett que algunas canciones las empezó a escribir cuando era niño (el propio nombre del grupo viene de la primera canción que compuso en su vida, una adaptación del poema de William Blake) y las ha ido madurando, grabando y regrabando con exquisito mimo en su propio estudio (“Saltlands”) junto a un buen puñado de colaboradores entre los que destacan el guitarrista Josh Kaufman, la cantante Lauren Balthrop o la misma Dawn Landes. Quizá por ello él mismo diga que sus canciones son propias de un adolescente que supiera reflexionar como un adulto.

Y muy posiblemente sea esa especie de vitalidad melancólica la que haga a este breve álbum especialmente interesante, a medio camino entre lo balsámico del pop melódico y lo sereno del songwriter. El comienzo, inmejorable, con 'Come on come on' marca -sobre pizzicatos de violonchelo y una sugerente línea de piano- un camino que, en 'My only friend' 'Wake up' o 'You got caught' lo sitúa en algún lugar entre los Czars y Adam Green. Sin embargo, un tema como 'Welcome to the neighborhood' podría relacionarse más fácilmente con Burt Bacharach o Neil Hannon, aunque al final esté, al igual que 'Lights around you', mucho más próximo a un tema de Lambchop de lo que podría aparentar. En la adictiva 'Lesson for you kid' se hace patente la reconocida influencia de Leonard Cohen (esos maravillosos coros) de la misma manera que Dylan se apodera de algunas partes de 'Never know me' o 'Mirror door'. Pero solo son un ingrediente más de algo en lo que podrían verse ecos de clásicos, desde Van Morrison a Ron Sexsmith pasando incluso por el Bill Callahan menos sofisticado.

Las nueve canciones y media ('Little moth' no es más que un bonito interludio a lo Andrew Bird) de "The Poison Tree" componen un disco que apuesta emocionalmente alto, que aborda sin ambages la canción clásica y bien hecha y que –sí, lo has adivinado- acierta. 

Y muchas gracias a Pedro por descubrírmelo. Una vez más :-)

Butcher Boy

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Butcher Boy son oficialmente un banda, pero está claro que es el vehículo de expresión de John Hunt, que mantuvo durante años caliente el nombre del grupo hasta su primer disco, el aclamado "Profit in your proetry" (2007). Un par de años después vendría el no menos notable "React or die", que los terminó de emparentar con los clásicos de la escena pop escocesa.
Sin embargo, en este tercer álbum, "Helping hands", se percibe un cierto aire de nuevo debut. El hecho de que sea su primera entrega para el respetado sello Damaged Goods (Helen Love, Holly Golightly, Fabienne DelSol, etc) ha propiciado tanto una mayor promoción (recordemos que nos vistan en breve) como una atención algo superior en algunos medios musicales, cosechando rápidas críticas positivas en, por ejemplo, The Guardian o Mojo.

Ese pequeño punto y aparte discográfico se hace notar ligeramente en el sonido. Si bien la mayor diferencia entre el primer y el segundo álbum se encontraba en los arreglos (más densos y oscurotes en uno, más limpios y luminosos en otro) aquí las composiciones se vuelven algo más íntimas y, muchas veces, los desarrollos más lentos y elaborados. Tres temas instrumentales marcan la estructura del disco y aportan un cierto toque conceptual a un conjunto que, por momentos, puede andar algo falto de pulso. En cualquier caso, canciones más inmediatas como 'Your cousins and I' o el buen single 'Imperial' dan el contrapunto justo para no caer en el tedio.

Da la impresión de que Butcher Boy han apostado mucho por hacer de este "Helping hands" algo maduro y serio, no falto de ambición, con una serenidad que les evite caer en el saco de "otro grupo escocés", pero sin dejar de ofrecer lo que mejor saben: canciones pop. En mi opinión, les ha faltado un poquito. Se ven las intenciones (esos delicados matices en 'The day our voices broke', ese quebradizo final en 'Helping hands') pero se han quedado a medio, con cortes un tanto anodinos ('Wistle and I'll come to you', 'Bluebells') con los que no puedes evitar recordar la efervescencia de momentos pasados.
En cualquier caso, estamos ante una colección de canciones interesante y más que aprovechable que no defraudará -del todo- a sus fans y que puede que, de paso, les sitúe un poco más cerca del clasicismo y, por lo tanto, de cierta atemporalidad.

Puño

Aunque la publicaron antes de vacaciones, no puedo dejar de recomendaros la charla del ilustrador madrileño Puño en el MADinSpain:

Toca varios temas bastante interesantes, desde reflexiones sobre el lenguaje visual hasta el uso de las referencias, pasando por sus experiencias a la hora de compaginar trabajo y pasión.

De todas formas -y pese lo aplicable que puede ser a otros mundos- lo que hace que cada minuto merezca la pena es la gran exposición de Puño, llena de entusiasmo, que ya para sí quisieran muchas TED Talks.

Time taunts me, otra vez Lost in the trees

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Ari Picker debe ser un maniático de cuidado. Porque, cuando hace unos meses reseñábamos la regrabación de "All alone in an empty house", uno podía pensar en que el hecho de que lo publicaran con el sello Anti podía haberles animado a una excentricidad tal como intentar mejorar un disco que ya era era excepcional en su grabación original. Y además conseguirlo.
Pero es que lo han vuelto a hacer, eso sí, ya sin ninguna excusa. "Time taunts me" se publicó en 2007 como un EP en el pequeño sello Trekky, donde vuelve a editarse cuatro años más tarde en formato de álbum, totalmente regrabado y con tres temas nuevos.

A diferencia de las solemnes canciones de su segundo disco, las composiciones de "Time taunts me" presentaban, una estructura un poco más frágil -a veces apoyada por una tímida base electrónica-, largos pasajes instrumentales -excesivos y casi góticos- y, en general, un distanciamiento todavía mayor de las formas habituales del rock. Temas, como los completamente instrumentales 'I've always loved the fall' o 'For Elizabeth and John', dejaban claro una personalidad que iba más allá de lo previsible y se adentraba en las tan delirantes como acertadas composiciones que Mark Mothersbaugh suele realizar para el cine.

Todo esto continúa intacto en esta nueva versión del álbum. Sin embargo, la épica habitual del grupo se ve reforzada (de igual manera que hicieron junto a Scott Stoller en la citada regrabación de "All alone in an empty house") con unos arreglos más incisivos y brillantes y con una mayor contundencia en los vientos y la percusión.
Sin embargo, la vigorosa entrada de las cuerdas en 'Tall trees' o los renovados coros de 'Time taunts me' servirían para poco sin acertar también en los detalles más sutiles. El maravilloso contraste entre las diferentes partes de 'Lost in the snow', por citar sólo un ejemplo, alcanza aquí un nivel de delicadeza realmente sugerente al que la versión anterior no era capaz de llegar.

Por otro lado, las composiciones inéditas ('Ballroom dancing', 'Utterly alone' y 'Lamp Post', originales de la época de la primera versión) se entremezclan con las últimos temas del tracklist original completando el disco de manera coherente.
Un apasionado trabajo que sigue sonando a lo que siempre sonó: a la banda sonora de la película gótica que Wes Anderson todavía no se ha decidido a rodar. Lo que pasa es que ahora es en pantalla grande.

Artículo publicado en: http://jenesaispop.com/2011/08/04/lost-in-the-trees-time-taunts-me/

Apuntes sobre Amy

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Pese a los miles de artículos en todos lados sobre el tema, me gustaría apuntar algunos detalles (espero que un poco más originales) como reacción al fallecimiento de Amy Winehouse. Una muerte que, de alguna manera, me llega de una manera más especial que el de otras personas famosas (pensemos, por ejemplo, en Michael Jackson) que “ya me encontré así”.

  • Conocí las canciones de Amy Winehouse en otoño de 2006, al mismo salir el "Back to Black". Jaime Cristóbal programó 'Rehab' en su "Popcasting".
  • Desde la primera escucha, me quedé maravillado por lo que me pareció ser una actualización realmente excitante del sonido más oscuro de los grupos de chicas de los 60. Lo mejor era que no sonaba a revival. No pude dejar de escucharla en bucle durante varios días.
  • Después me fui adentrando en el disco, al cual califiqué como el mejor del año pocos meses después. Hoy en día no me arrepiento y me sigue pareciendo el mejor disco de los que he escuchado publicados ese año. También lo incluí entre los primeros puestos de los mejores discos de la década.
  • Una de las canciones que más me gustan es la que le da nombre al disco, la cual me parece desde siempre, muy arrebatada, muy propia de Mina o de otras cantantes de canzone de la época. Por como ella la alteraba en directo y por cómo el productor Mark Ronson utilizó muchos recursos “morriconianos” en, por ejemplo, el segundo disco de los Rumble Strips, sospecho que no es sólo cosa suya. En cualquier caso, Amy cumplió con creces su parte del trato.
  • Aunque Amy era por entonces relativamente conocida en el Reino Unido (salía en las revistas musicales y su primer disco, que no me gusta demasiado -tal vez debería revisarlo-, "Frank", optó a un Mercury), no fue hasta bien entrado 2007 cuando, tras una progresiva campaña de promoción en todo el mundo, se convirtió en una celebridad. Por ello, tanto su música como las historias sobre su vida empezaron a aparecer por todas partes. Afortunadamente, puede engancharme a su música en los meses de tregua previos a su explosión.
  • Hasta entonces, conocía algunos detalles de su personalidad que me parecían curiosos y, en cierta manera, completaban de manera anecdótica y secundaria el cuadro presentado por la música. Pero siempre marcando distancias entre obra, persona y personaje.
  • Sin embargo, el aluvión de noticias morbosas sobre sus problemas de salud o sus innumerables adicciones se me hacían insufribles. No por las noticias en sí (que bueno, eran cosa suya), sino por el transfondo se podía intuir: "Mirad, chicos, qué mala vida. Esta es una artista de verdad, como Lady Day o Robert Johnson". Oh, c'mon.
  • Su prematura muerte no ayuda mucho a que ese estereotipo de artista romántico y atormentado (y por lo tanto, bueno y –glups- “auténtico”) no se perpetúe. No se me ocurre nada peor para quienes evitábamos enfrentarlos a la imagen que se proyectaba de Amy como metáfora de “la capacidad destructiva del arte apasionado”.
  • Al final, me parecería mucho más justo que pasara a la historia por se una persona que ha conseguido que sus canciones -sobreexpuestas, descontextualizadas, salpicadas por sus errores y los errores de los demás- me sigan gustando, años después, pese a todo. Me temo que no será así.

Matt Elliott en La Casa Encendida

Matt

La velocidad con la que se agotaron las entradas -un día- daba una pista sobre las ganas que había de escuchar de nuevo en directo a un músico que, desde hace años, ha estado bastante vinculado a nuestro país. La excusa, en esta ocasión, era la serie de conciertos "La Terraza suena" de La Casa Encendida. Una iniciativa que, cada semana, nos trae una interesante propuesta musical a la azotea de la antigua casa de empeños del Monte de Piedad en Madrid.

Matt Elliott, aún con su vuelta al proyecto The Third Eye Foundation todavía reciente, se centró en su faceta (más o menos) folk. Presentó algunos temas nuevos junto a canciones de "Howling songs" ('Something about ghosts' o 'I name this ship The Tragedy...' entre ellas) y alguna joya del pasado (sorprendente recuperación de 'Also run').
Totalmente solo en el escenario, Elliott utilizó con gran maestría la técnica construir las canciones a partir de loops que iba grabando y modificarlos y controlarlos con pedales (un poco al estilo del concierto de David Fonseca, pero mejor). De esa manera, a partir de su guitarra y su voz (puntualmente utilizó flautas y una melódica, así como una base de drum'n'bass) consiguió que las canciones fueran tomando cuerpo hasta convertirlas en esos torbellinos de dramatismo eslavo a los que nos tiene tan acostumbrados.

Unas canciones extraordinarias y una interpretación serena pero tan original como entregada y emocionante que, junto con la sintonía con el respetuoso público y lo envidiable del emplazamiento, dejaron a la mayoría de los asistentes con una extraña sensación a medio camino entre el abatimiento y la satisfacción. Sólo faltaron  Manyfingers y Chapelier Fou. Eso ya para la próxima.

Y la foto es de Elena, claro.

Manuel Galbán

Mg

Hola chicos.
Hace unos días falleció, con 80 años, Manuel Galbán, el gran
guitarrista y compositor cubano.

Hace tiempo -desde que lo descubrí- que quería comentar por aquí el
fantástico disco instrumental que es "Mambo Sinuendo" (sito en
Spotify: http://open.spotify.com/album/7Bbr1kphzvv9LEUoAFMmkj), de
2003 y junto a Ry Cooder, quizá el mejor de los rescates que conozco
del angelino. No me acuerdo donde leí que Cooder llegó a la conclusión
de que el estilo de tocar de Galban era toda una rareza sin explotar:
una especie de surf cubano, de rock'n'roll caribeño que no llegó a
calar en la música de la isla. Streamline colorista de
ciencia-ficción, como refleja la portada. Un disco absolutamente
imprescindible plagado de versiones imposibles (ese 'Caballo viejo'
que parece rocksteady, esa 'Maria de la O' tan Shadows...)

Os recomiendo también la necrológica en Rockdelux
(http://www.rockdelux.com/secciones/p/manuel-galban-leyenda-cubana-de-la-guitarra.html),
que dice todo lo que hay que decir y desempolva un pequeño documental
de poco más de 15 minutos con el propio Galbán explicando su historia,
sus influencias y su manera de tocar.

A partir de ahí, es inevitable empezar a disfrutar de muchas de las
canciones de los Zafiros, el gran grupo de Manuel Galbán (el
fantástico recopilatorio "Bossa Cubana" también en Spotify:
http://open.spotify.com/album/10Mt5eFzEsOujbgHO2wgQN), como 'Y sabes
bien', 'Mírame fijo', 'Cuando al conocí' y tantas más.

Disfrutemos, por lo tanto, de su gran legado: delicioso y delicado pop
caribeño a medio camino del duduá de las composiciones más latinas de
Leiber y Stoller, el frescor de los mejores calipsonianos, la
tradición sonera de su tierra y el misterio soleado de un Lee
Hazlewood.

A Fable - Tigran Hamasyan

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Rápidamente, una recomendación. Se trata de Tigran Hamasyan (que nombre tan armenio http://es.wikipedia.org/wiki/Tigranes_II_el_Grande), un armenio, pianista virtuoso de jazz, niño prodigio, post-bop y toda la pesca. Muy muy recomendable (y está en Spotify!). Hablo, eso sí, de su dico: "A Fable". 

Y porqué os lo recomiendo? Porque es una de esas ocasiones en que algo entre el jazz (en cuanto a venturosa exploración melódica), el pop, y la música casi diría que tradicional, funciona. A Fable, sí, un disco romántico, un tanto exótico, como andar por la luna, que me hace pensar en una mezcla entre Debussy, Keith Jarret, Ravel y Joe Hisaishi...  con canciones cantandas de forma íntima, cálida, como Longing. O donde una maravillosa melodía se impone sobre un mar de notas salvajes, como en What The Waves Brought, un silbido... Música llena de recuerdos, evocación y magia.

Para mí, por ahora, sin duda ninguna... el disco del año.